
Discusión sobre el mareo
Funcionamiento del oído normal
Mantenimiento del equilibrio
Mareo de origen ótico
Síntomas del mareo de origen ótico
Mareo central
Mareo visual
Causas y síntomas del mareo
Alteraciones circulatorias
Migraña atípica o migraña basilar
Oclusión
Hemorragia
Tratamiento
Vértigo Posicional Paroxístico Benigno (VPPB)
Desequilibrio asociado al envejecimiento
Infección
Neuritis
Enfermedad de Ménière e hidropesía endolinfática
Tratamiento de la enfermedad de Ménière y de la hidropesía endolinfática
Alteraciones metabólicas
Alergias
Lesiones
Tumores
Opciones de tratamiento quirúrgico para el mareo
Tratamientos no quirúrgicos para el mareo
Los audiólogos no se limitan únicamente a tratar la pérdida auditiva; también diseñan soluciones precisas para regular una amplia variedad de trastornos del oído y del equilibrio, abarcando desde cuadros de mareo hasta patologías complejas como la enfermedad de Ménière. A continuación, se presenta un análisis riguroso de las diversas formas en que una alteración en su sistema auditivo puede desestabilizar su equilibrio interno.
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Discusión sobre el mareo
El mareo es un síntoma, no una enfermedad en sí misma. Se define con precisión como una sensación de inestabilidad, desequilibrio o desorientación en relación con el entorno del individuo. La manifestación de este síntoma varía considerablemente entre pacientes y puede ser el resultado de múltiples patologías. Su intensidad oscila desde una leve inestabilidad hasta una sensación rotatoria severa denominada vértigo. Debido a que el sistema de equilibrio tiene una representación limitada en la corteza consciente, es habitual que el paciente experimente dificultades para describir con exactitud su sintomatología al especialista. Asimismo, dado que el espectro de presentación es amplio y obedece a etiologías diversas, bajo mi criterio clínico se requiere la realización de pruebas diagnósticas específicas para determinar con certeza la causa subyacente de su mareo. Este síntoma puede presentarse de forma independiente o estar asociado a un déficit auditivo.
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Funcionamiento del oído normal
El oído se estructura anatómicamente en tres regiones perfectamente diferenciadas: el oído externo, el oído medio y el oído interno.
Las estructuras del oído externo tienen la función de captar las ondas sonoras y canalizarlas hacia la membrana timpánica. La cavidad del oído medio alberga dicha membrana y la cadena de tres huesecillos, cuya función es transmitir con precisión las vibraciones acústicas hacia el fluido del oído interno.
El oído interno se encuentra protegido dentro de una cavidad ósea y está lleno de líquido. Este fluido baña directamente los delicados terminales nerviosos de los sistemas auditivo y vestibular (de equilibrio).
Las ondas de presión generadas en el fluido de la cavidad auditiva (cóclea) estimulan los receptores del nervio auditivo, desencadenando impulsos eléctricos que se transmiten al cerebro para su interpretación como sonido. De igual manera, el movimiento de los fluidos en las cavidades del equilibrio (el vestíbulo y los tres canales semicirculares) estimula los receptores correspondientes, enviando señales eléctricas al cerebro que este interpreta como movimiento corporal.
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Mantenimiento del equilibrio
El sistema del equilibrio humano depende de la perfecta integración de cuatro componentes: el sistema visual, el oído interno, el sistema propioceptivo (músculos y articulaciones) y el sistema nervioso central. El cerebro procesa esta información de manera análoga a una unidad central de procesamiento, recibiendo impulsos nerviosos constantes desde estos tres sistemas periféricos independientes pero coordinados, con el fin de mantener la estabilidad corporal.
Los ojos captan estímulos visuales a través de fotorreceptores, suministrando al cerebro información sobre la posición espacial del cuerpo. Por su parte, los propioceptores —receptores ubicados en músculos y articulaciones— son críticos, especialmente aquellos situados en la región del cuello (que informan sobre la posición de la cabeza respecto al cuerpo) y en los tobillos y articulaciones de las extremidades inferiores (que registran la oscilación corporal respecto al suelo).
El receptor vestibular del oído interno consta de dos elementos principales: los tres canales semicirculares y el vestíbulo. Este conjunto se denomina laberinto vestibular y contiene fluido endolinfático. Al movilizar la cabeza, el desplazamiento del fluido estimula los receptores que envían señales a través del nervio vestibular hacia el cerebro, de manera simétrica desde ambos oídos. Los canales semicirculares registran las aceleraciones angulares (giros bruscos), mientras que el vestíbulo responde a las aceleraciones lineales y cambios de posición, como acostarse, girar en la cama o incorporarse.
Cuando el oído interno presenta una disfunción, las señales neurológicas que recibe el cerebro pierden su simetría bilateral, percibiéndose como una información distorsionada. Ante esta incongruencia, el cerebro genera respuestas reflejas hacia los músculos oculares, produciendo movimientos involuntarios y rápidos de los ojos (denominados nistagmo), lo que genera la ilusión óptica de que el entorno gira a su alrededor.
Es fundamental comprender que el tronco encefálico es la zona del sistema nervioso donde se coordina inicialmente toda esta información sensorial, bajo la modulación de la corteza cerebral (donde se almacenan las memorias de movimiento) y el cerebelo (encargado de la coordinación automática de actividades repetidas).
La corteza cerebral almacena las experiencias motoras previas, mientras que el cerebelo procesa la información automática e involuntaria de los patrones de movimiento habituales.
El tronco encefálico procesa de manera inmediata todas estas señales para emitir órdenes reflejas precisas a la musculatura corporal, asegurando el control postural continuo.
Dado que el sistema nervioso central tiene la capacidad de adaptarse y habituarse a señales asimétricas provenientes de un oído interno dañado, la terapia de rehabilitación vestibular mediante ejercicios específicos es una herramienta terapéutica de alta eficacia. Esta estimulación repetida entrena al cerebro para que ignore la señal anómala, reduciendo o eliminando la sensación de mareo, tal como ocurre con la adaptación fisiológica que desarrollan los patinadores artísticos tras realizar giros rápidos.
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Mareo de origen ótico
El mareo de origen ótico es una de las consultas más frecuentes y se debe directamente a alteraciones en la circulación sanguínea o de la presión de los fluidos en el oído interno, a la compresión directa sobre el nervio vestibular, o a cambios fisiológicos en los mecanismos de balance. Asimismo, los procesos inflamatorios o infecciosos del oído interno y del nervio vestibular constituyen causas principales de este cuadro clínico.
Cualquier alteración en la presión, composición o dinámica de los fluidos del oído interno puede desencadenar episodios de mareo agudo, crónico o recurrente, que pueden consolidarse con o sin síntomas auditivos asociados como hipoacusia o acúfenos. De igual modo, la sobreestimulación de estos fluidos (como al detenerse abruptamente tras un giro rápido) interrumpe la estabilidad normal del sistema.
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Síntomas del mareo de origen ótico
Cualquier patología que afecte el funcionamiento del oído interno o de sus vías de conexión central provocará disfunciones en el equilibrio, la audición o se manifestará en forma de tinnitus o acúfenos (zumbidos). Estos síntomas pueden presentarse de forma aislada o combinada, según el área afectada.
Este tipo de mareo puede manifestarse como una sensación de giro de objetos (vértigo verdadero), inestabilidad o aturdimiento. Suele ser de carácter intermitente y exacerbarse con los movimientos cefálicos o cambios de posición. Puede acompañarse de síntomas vegetativos como náuseas y vómitos, pero es de suma importancia destacar que el mareo de origen puramente vestibular no produce pérdida de conciencia.
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Mareo central
El mareo de origen central consiste generalmente en una inestabilidad severa provocada por la incapacidad del cerebro para coordinar o interpretar correctamente las señales sensoriales que recibe. Se manifiesta a menudo como una sensación de flotación o cabeza vacía asociada a situaciones de estrés, fatiga o consumo de sustancias. Cuadros de insuficiencia vascular, lesiones ocupantes de espacio (tumores) o traumatismos pueden dar origen a esta inestabilidad. Es habitual la presencia de cefalea o pesadez craneal, y en ciertos casos clínicos, las patologías centrales pueden debutar con episodios de vértigo rotatorio.
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Mareo visual
La disfunción en la musculatura ocular o los defectos de refracción no corregidos alteran la percepción espacial y generan inestabilidad. Un ejemplo claro es la desorientación experimentada al intentar desplazarse utilizando una corrección óptica ajena o inadecuada.
Otro ejemplo es la cinetosis, producida al observar objetos en movimiento rápido de forma lateral, como desde la ventanilla de un vehículo. El sistema visual registra un movimiento de rotación rápido, mientras que los receptores del oído medio e interno y el sistema propioceptivo informan al cerebro que el cuerpo se desplaza hacia adelante de forma lineal. Esta inconsistencia sensorial extrema confunde al sistema nervioso central, desencadenando respuestas autonómicas como sudoración fría, náuseas y vómitos. Mantener la mirada fija hacia el frente mitiga notablemente este conflicto sensorial al alinear los estímulos de todos los sistemas receptores.
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Causas y síntomas del mareo
El mareo es la manifestación clínica de una alteración localizada en el oído interno, en el nervio vestibular o en sus conexiones centrales. Su origen puede ser de tipo vascular, metabólico, infeccioso, inflamatorio (neuritis), farmacológico, traumático o neoplásico (tumores).
Para lograr un diagnóstico preciso se requiere un protocolo de evaluación exhaustivo. Determinaré las pruebas pertinentes según cada caso particular, las cuales pueden incluir estudios audiológicos avanzados, pruebas vestibulares computarizadas, estudios de imagen (resonancia magnética o tomografía) y analíticas de laboratorio específicas.
El objetivo prioritario de este abordaje riguroso es descartar patologías graves o que pongan en riesgo su salud, localizar con precisión el sitio de la lesión y establecer un plan de tratamiento médico o quirúrgico altamente efectivo.
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Circulación changes
Cualquier déficit o interrupción del flujo sanguíneo hacia las estructuras del oído interno o sus vías neurológicas centrales compromete gravemente su función, provocando mareo, pérdida de audición y acúfenos de aparición inmediata. Estos fenómenos vasculares obedecen a espasmos arteriales, oclusiones parciales o totales de los vasos periféricos, o a episodios de rotura vascular con hemorragia asociada.
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Migraña atípica o migraña basilar
El mareo originado por espasmo vascular en el oído interno suele presentarse de forma súbita e intermitente. Puede manifestarse como un episodio único y aislado o presentarse de forma recurrente, estrechamente vinculado a cuadros de migraña. Entre los factores desencadenantes se encuentran el estrés físico y emocional. Sustancias vasoconstrictoras como la cafeína y la nicotina exacerban estos espasmos, por lo que su consumo debe suspenderse de inmediato bajo indicación médica. Asimismo, se ha observado la aparición de espasmos vasculares posterior a traumatismos craneales que, aun sin lesionar estructuralmente el oído en un inicio, terminan comprometiendo su viabilidad debido a la isquemia resultante.
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Oclusión
Con el proceso de envejecimiento, las paredes arteriales experimentan un engrosamiento progresivo debido a la arteriosclerosis. Esta condición reduce el calibre vascular, limitando el aporte de oxígeno y nutrientes al oído interno. Aunque el sistema vestibular posee mecanismos de compensación a largo plazo, es frecuente el desarrollo de una inestabilidad crónica, la cual se manifiesta ante cambios rápidos de posición o giros bruscos.
La oclusión total de una arteria del oído interno (trombosis vestibular) genera un cuadro de vértigo agudo severo acompañado de cortejo vegetativo (náuseas y vómitos). La sintomatología aguda puede prolongarse por varios días, dando paso a una fase de inestabilidad que disminuirá paulatinamente durante semanas o meses, a medida que el sistema nervioso central y el oído sano compensen la pérdida de función del lado afectado.
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Hemorrhage
La rotura espontánea o traumática de los pequeños vasos sanguíneos del oído interno irrumpe la función vestibular de forma inmediata. Esta situación puede asociarse a crisis hipertensivas o traumatismos cefálicos, cursando con una sintomatología idéntica a la descrita en los cuadros de oclusión vascular.
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Treatment
El manejo terapéutico del mareo por alteración circulatoria requiere el uso supervisado de fármacos supresores vestibulares y vasodilatadores que optimicen el flujo sanguíneo y aceleren la compensación central. Es mandatorio que los pacientes bajo este diagnóstico eliminen por completo agentes vasoconstrictores como el tabaco y cafeína. Se deben implementar estrategias para el manejo del estrés y la fatiga. La prescripción de programas de ejercicio físico pautados resulta esencial, ya que estimulan la neuroplasticidad y potencian la función del sistema de equilibrio remanente.
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Benign Positional Paroxysmal Vertigo (BPPV)
El Vértigo Posicional Paroxístico Benigno (VPPB) es el trastorno vestibular más frecuente. Se produce debido al desprendimiento de partículas de carbonato de calcio (otoconias) que migran de manera anómala hacia los canales semicirculares del oído interno. Se caracteriza por episodios breves pero intensos de vértigo rotatorio desencadenados de forma exclusiva por cambios de posición de la cabeza, como al acostarse, levantarse o girar en la cama. El episodio suele durar menos de un minuto y autolimitarse. El tratamiento de elección en consulta presenta una tasa de éxito muy alta mediante la ejecución de Maniobras de Reposicionamiento de Canalículos (como la maniobra de Epley), diseñadas para retornar las partículas a su sitio de origen. De no ceder, se pautarán ejercicios de habituación específicos. En casos excepcionales de persistencia crónica, se valorará la opción de tratamiento quirúrgico.
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Imbalance related to aging
El deterioro del equilibrio asociado a la edad avanzada responde fundamentalmente a la insuficiencia microvascular que irriga el complejo del oído interno y el nervio vestibular. Afortunadamente, aunque estas alteraciones fisiológicas pueden cronificarse, rara vez progresan hacia una incapacidad severa si se tratan adecuadamente.
El vértigo posicional es la manifestación clínica más común en el adulto mayor, pudiendo presentarse también en fases tempranas de la vida debido a antecedentes de traumatismo cefálico. Este síntoma limitante responde de manera excelente a protocolos especializados de rehabilitación vestibular.
La presencia de inestabilidad matutina al levantarse es frecuente en esta población y puede persistir por un par de horas. Corregir el hábito y adoptar transiciones pausadas al incorporarse de la cama reduce significativamente el riesgo. La inestabilidad de la marcha en terrenos irregulares requiere la incorporación de apoyos físicos (como un bastón) y el entrenamiento específico para optimizar la fijación visual, elementos clave para garantizar su seguridad y prevenir caídas.
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Infection
Las infecciones de oído que comprometen el sistema vestibular suelen iniciar de manera insidiosa y leve, acompañadas o no de sordera. No obstante, si el proceso infeccioso progresa hacia las estructuras del oído interno (laberintitis), el cuadro clínico evoluciona hacia un vértigo agudo severo, incapacitante, con náuseas y vómitos profusos.
El control médico inmediato de cualquier proceso infeccioso ótico es crítico para evitar la destrucción definitiva del receptor vestibular y del receptor auditivo, lo cual resultaría en una pérdida total e irreversible de la audición. En aquellos casos donde el tratamiento farmacológico con antibióticos no logre erradicar la infección, se requerirá intervención quirúrgica de urgencia.
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Neuritis
La neuritis vestibular consiste en una alteración inflamatoria y funcional del nervio auditivo o vestibular, provocada por etiología viral, procesos autoinmunes, compresión vascular o trauma. El compromiso de la conducción nerviosa genera un cuadro súbito y severo de vértigo que se prolonga por días, seguido de un periodo de inestabilidad que puede durar semanas, meses o incluso cronificarse. El abordaje oportuno mediante fármacos supresores vestibulares y antiinflamatorios en la fase aguda es crítico para contener los síntomas mientras el sistema nervioso central inicia su proceso de compensación. Si la compensación fisiológica resulta insuficiente, utilizaremos terapias de rehabilitación dirigida; la cirugía se reserva estrictamente para aquellos casos que presenten fallos refractarios.
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Meniere’s disease and endolymphatic hydrops
La enfermedad de Ménière es una patología crónica del oído interno caracterizada por crisis recurrentes de vértigo, causada principalmente por un incremento de la presión del fluido endolinfático (hidropesía) debido a una falla en su mecanismo de reabsorción o producción. El aumento de volumen y presión altera los delicados terminales nerviosos, produciendo crisis de vértigo asociadas típicamente a pérdida auditiva fluctuante y acúfenos.
El protocolo diagnóstico exige un análisis multidisciplinar para identificar factores vasculares, metabólicos, autoinmunes o alérgicos que puedan actuar como desencadenantes. Es fundamental recalcar que, si bien el estrés emocional puede agravar o detonar una crisis, no constituye la causa primaria de la enfermedad de Ménière.
El cuadro clínico clásico de esta enfermedad se manifiesta a través de crisis de vértigo rotatorio que duran desde 20 minutos hasta varias horas de evolución. Estas crisis se acompañan de síntomas auditivos ipsilaterales agudos, cortejo vegetativo intenso y sensación de plenitud ótica (oído tapado). Posterior a la crisis, el agotamiento físico del paciente es severo y persistente.
La frecuencia de los ataques es impredecible; los periodos de remisión sintomática completa pueden durar años antes de que se presente una nueva crisis. Adicionalmente, el paciente puede experimentar episodios menores de inestabilidad de segundos de duración de manera intermitente.
En ciertos casos clínicos, la sintomatología puede restringirse únicamente a la esfera auditiva (sordera fluctuante, presión y acúfenos sin vértigo), cuadro catalogado como hidropesía coclear. Por el contrario, la presencia de vértigo recurrente y presión ótica sin afectación de la audición se clasifica bajo el término de hidropesía vestibular.
La hidropesía endolinfática hace referencia al aumento específico de la presión de los fluidos del laberinto del oído interno. Clínicamente, el comportamiento de esta presión es comparable al glaucoma ocular, aunque no guardan relación fisiológica entre sí. La enfermedad de Ménière representa una forma clínica específica de hidropesía: todos los pacientes diagnosticados con Enfermedad de Ménière presentan hidropesía endolinfática, pero no todos los pacientes con hallazgos de hidropesía desarrollan el síndrome clínico de la enfermedad de Ménière.
La etiología de la hidropesía endolinfática es multifactorial. Se ha demostrado una predisposición étnica marcada y puede agravarse de manera severa por el abuso en el consumo de sodio o ciertos fármacos. Su presentación clínica es altamente variable, manifestándose a través de fluctuaciones de la audición, intolerancia al movimiento o episodios breves de desequilibrio, acompañados de acúfenos y pesadez craneal. La distinción diagnóstica precisa entre ambas condiciones requiere de un análisis clínico minucioso, dado que la hidropesía endolinfática puede evolucionar formalmente hacia una enfermedad de Ménière con el transcurso del tiempo.
El esquema de tratamiento inicial para la hidropesía endolinfática es médico y restrictivo, análogo al empleado en la enfermedad de Ménière, fundamentado en la prescripción de diuréticos específicos para restaurar la presión del líquido en el oído interno, junto con modificaciones oportunas en el estilo de vida. Ante el fracaso de la terapia médica conservadora, la opción quirúrgica debe ser considerada activamente.
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Tratamiento de la enfermedad de Ménière y de la hidropesía endolinfática
Las pautas de tratamiento tanto para la hidropesía coclear como vestibular son idénticas a las aplicadas en la enfermedad de Ménière clásica. El tratamiento puede ser de tipo médico o quirúrgico, decisión que determinaré basándome rigurosamente en la fase de la enfermedad, el impacto en su calidad de vida y el estado del oído contralateral. El objetivo prioritario es detener el deterioro de la audición de manera definitiva y suprimir las crisis de vértigo.
Toda intervención está orientada a estabilizar la microcirculación del oído interno y regular las variaciones de presión del fluido endolinfático.
La terapia médica, efectiva en el control del 80% de los pacientes, se individualiza según el perfil clínico. Consiste en la administración de fármacos moduladores de la presión endolinfática, inmunosupresores en sospecha de alergia o autoinmunidad, y supresores vestibulares para rescate de episodios agudos.
Debe evitarse estrictamente el uso de cualquier agente farmacológico o sustancia que posea efectos vasoconstrictores probados, especialmente la nicotina del tabaco y la cafeína.
Se prescribirán agentes diuréticos específicos con el objetivo terapéutico de disminuir la carga de líquido acumulado en el oído interno.
Debido a la implicación comprobada de trastornos del metabolismo y de alergias sistémicas en la patogenia de la enfermedad de Ménière, se indicarán regímenes dietéticos de restricción de sodio y tratamientos inmunológicos cuando se requiera clínico.
En casos severos y altamente refractarios al manejo conservador, se valorará la aplicación de inyecciones intratimpánicas de gentamicina para realizar una ablación vestibular selectiva química. Este procedimiento se reserva de manera estricta para escenarios específicos donde la audición se encuentra seriamente comprometida de forma bilateral o en oídos únicos sobrevivientes.
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Alteraciones metabólicas
Los trastornos de origen metabólico pueden desencadenar disfunciones vestibulares y cocleares de forma directa, alterando el delicado microambiente químico del oído interno y de las vías nerviosas. En ciertas ocasiones clínicamente validadas, la pérdida auditiva puede manifestarse sin que coexistan síntomas de vértigo o inestabilidad.
Las disfunciones de la glándula tiroides (hipo o hipertiroidismo) y los desórdenes en el metabolismo de la glucosa (resistencia a la insulina o diabetes) son las causas metabólicas más frecuentes de mareo. Asimismo, las alteraciones en el perfil de lípidos (hipercolesterolemia o hipertrigliceridemia) comprometen el flujo sanguíneo ótico. El diagnóstico de estas patologías se realiza a través de analíticas de sangre específicas, y su tratamiento consistirá en la debida sustitución hormonal, pautas específicas de nutrición clínica y terapia farmacológica metabólica correspondiente.
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Alergias
Los procesos alérgicos severos pueden ser responsables de episodios de inestabilidad y vértigo. Su diagnóstico preciso se obtiene mediante una historia clínica estructurada, pruebas de exclusión y test de Alergenos (cutáneos o de anticuerpos en sangre). El tratamiento prioritario consiste en la evitación y control ambiental de los agentes causales o, en su defecto, en la administración de inmunoterapia específica para modular la respuesta biológica del paciente.
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Lesiones
Los traumatismos craneoencefálicos suelen ser causa de inestabilidad crónica y persistente. En traumas moderados a severos, el daño responde a una lesión multisistémica que involucra directamente al oído interno (concusión laberíntica), desgarros del nervio vestibular y lesiones en las vías de integración del sistema nervioso central. La sintomatología suele acompañarse de tinnitus, pérdida de audición fluctuante e inestabilidad prolongada que requiere un plan de rehabilitación individualizado prescriptivo.
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Tumores
La presencia de un tumor de carácter benigno, habitualmente un schwannoma vestibular (neurinoma del acústico), desarrollado a lo largo de la vaina del octavo par craneal entre el oído interno y el tronco del encéfalo, provoca la aparición progresiva de inestabilidad, pérdida de audición asimétrica y acúfeno unilateral. Para su identificación indudable, resulta obligatorio realizar un examen audiológico completo, pruebas vestibulares y estudios de neuroimagen de alta resolución (Resonancia Magnética con contraste).
Una vez confirmado el diagnóstico de la lesión tumoral, la derivación para consideración de exéresis quirúrgica o radiocirugía estereotáctica es el estándar de manejo recomendado. El crecimiento tumoral descontrolado compromete de manera crítica estructuras neurológicas vitales del tronco cerebral y nervios craneales adyacentes. El pronóstico funcional en la preservación de la audición y el control del balance mejora sustancialmente si el diagnóstico y la intervención se realizan en etapas tempranas de la enfermedad.
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Opciones de tratamiento quirúrgico para el mareo
La intervención quirúrgica está estrictamente indicada cuando el tratamiento médico adecuado ha fallado de manera evidente en el control de las crisis incapacitantes de vértigo. La técnica quirúrgica idónea se seleccionará minuciosamente en base a los umbrales auditivos del oído afectado, el estado funcional de ambos oídos y el panorama clínico general del paciente. Debe considerarse que, si bien el control del vértigo es excelente, los acúfenos o la inestabilidad basal pueden persistir y requieren manejo postoperatorio.
La cirugía ofrece una alta tasa de resolución en la prevención de crisis agudas de vértigo rotatorio. Tras el procedimiento, el paciente experimentará un periodo temporal de inestabilidad funcional que puede prolongarse por semanas, el cual cesará progresivamente una vez que el sistema nervioso central logre una compensación vestibular completa a través del oído sano contralateral.
Las técnicas avanzadas de tratamiento quirúrgico incluyen la descompresión y derivación del saco endolinfático, la neurectomía vestibular selectiva y la laberintectomía. La cirugía del saco endolinfático busca drenar el exceso de líquido del oído interno, realizándose bajo anestesia general y requiriendo un periodo breve de internación hospitalaria de uno a dos días.
La neurectomía vestibular selectiva consiste en la sección quirúrgica exclusiva de la rama del nervio encargada de transmitir los impulsos del equilibrio, preservando las fibras correspondientes a la audición. Es una técnica con alta tasa de éxito para abolir las crisis de vértigo conservando los niveles auditivos previos del paciente.
La laberintectomía quirúrgica representa la remoción total y destrucción de los receptores auditivos y vestibulares del oído enfermo. Por tal motivo, este enfoque ablativo radical se considera únicamente en pacientes con pérdida auditiva profunda preexistente en el lado afectado, ofreciendo una curación excelente del vértigo del oido afectado a costa de la pérdida completa de cualquier función residual.
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Tratamientos no quirúrgicos para el mareo
La evaluación diagnóstica inicial por parte de un especialista en rehabilitación vestibular toma un tiempo aproximado de 60 a 90 minutos de investigación rigurosa. Dicha valoración inicia con el análisis detallado de la cronología de sus síntomas, factores desencadenantes, duración del episodio, nivel funcional basal y el perfil farmacológico activo que usted consume. Se exploran sistemáticamente los rangos de movilidad cervical, fuerza muscular, coordinación motora y simetrías del balance bajo diferentes estímulos propioceptivos. El paciente es sometido a transiciones posturales rápidas para cartografiar con exactitud qué movimientos cefálicos provocan la crisis. Dado que la marcha con estimulación visual y de rotación cefálica simultánea representa la tarea de mayor complejidad de integración vestibular, realizamos pruebas dinámicas específicas con el objetivo de evaluar el reflejo vestíbulo-ocular. El equilibrio se mide instrumentalmente sobre superficies firmes y viscoelásticas compressible, determinando con precisión su oscilación postural tanto con ojos abiertos como cerrados.
Concluido el análisis del perfil vestibular del paciente, se procede al diseño y prescripción de un programa de rehabilitación personalizado que incluye terapia de habituación, reentrenamiento del equilibrio y un protocolo de acondicionamiento físico generalizado. El objetivo terapéutico inequívoco de la terapia de habituación es desensibilizar al sistema nervioso central frente a los estímulos de movimiento acelerado de la cabeza. La evolución favorable y la duración del programa dependerán de la constancia en el apego al tratamiento e intensidad pautada. El paciente debe realizar los ejercicios prescritos de manera rigurosa, habitualmente dos veces al día, con el fin de consolidar la neuroplasticidad cerebral responsable de su curación y estabilidad permanente. Se advierte firmemente al paciente que no debe evitar de forma voluntaria las posiciones que inducen el mareo, a menos que estas pongan en riesgo su integridad física.
Existen múltiples factores y patologías detrás de los desórdenes del equilibrio. Si usted padece de inestabilidad o mareos persistentes, asociados o no a pérdida auditiva, debe tener la certeza de que la gran mayoría de estas patologías pueden resolverse con éxito o ser controladas de manera óptima mediante las estrategias de tratamiento médico, rehabilitador o quirúrgico que ponemos a su disposición.
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